El pasado lunes 12, China fue devastada por un terremoto de 7.8 grados Richter producido a las 14.28 hora local (6.28 GMT).
El epicentro del terremoto fue registrado al suroeste de la provincia de Sichuan. Esta área tiene más de 1,3 millones de kilómetros cuadrados y en ella viven más de 200 millones de personas, más de la décima parte de la población china.
Este movimiento ha sido el más fuerte en tres décadas y ha afectado especialmente a las provincias de Shannxi, Sichuan, Yunnan y Gansu, así como la municipalidad de Chongqing.
Hasta el momento, se han contabilizado 12,012 fallecidos. Igualmente, hay casi 19,000 que se encuentran bajo los escombros y 7,841 reportados como desaparecidos. Se han registrado más de 300 réplicas, algunas de ellas de 6 grados en la escala de Richter.
A ella ha viajado el primer ministro chino, Wen Jiabao, quien ha pedido al país "calma, confianza, coraje y eficiencia en las labores de rescate" para afrontar las devastadoras consecuencias del sismo.
El oeste del país, zona de fricción de las placas tectónicas india y asiática, experimenta con frecuencia sismos de mayor o menor intensidad, aunque en muchas ocasiones se producen en zonas poco pobladas o deshabitadas.

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